Me gusta la moda, eso es un hecho. Y no hablo de comprar trapitos todas las semanas o esperar las rebajas como agua de mayo, que también. Me gusta analizar tendencias, conocer nuevos diseñadores y explorar las dimensiones que acarrea nuestra forma de vestir en nuestra forma de vivir, es decir, cómo la evolución de la sociedad se refleja en nuestro comportamiento a la hora de acicalarnos. He llegado al punto de querer dirigir mi carrera hacia el mundo de la comunicación en el sector de la moda. Y no, no estoy hablando de convertirme en una blogger de las que pagan por ir a una fiesta y escribir cuatro tontunas sobre lo bonito que es el bolso carísimo que a ellas las han regalado solo por ser it girls... ¿o quizá sí?
Porque, en realidad, ¿qué es ser una 'it girl'? He llegado a pensar que es una profesión. Abrir una revista de moda y ver este término debajo de su nombre, fomenta la idea. Y, desde luego, si compruebas lo que ganan estas chicas por actualizar su blog y asistir a cuatro fiestas, te das cuenta de que además de serlo, resulta bastante rentable.
Según un reportaje publicado en El Mundo el pasado mes de marzo, hay marcas que y llegan a pagar más de 400 euros por un tuit y 12.000 por amadrinar un evento. "Ah, ¿pero que las pagan por contenidos?". Sí, esta claro que si en la actualidad la mayoría de periodistas están comprados, mucho más lo van a estar estas blogueras que, en muchas ocasiones, ni siquiera tienen nociones de moda.
De hecho, muchas tienen equipos de marketing y representantes encargados de fijar contenidos y contratos publicitarios. Es el caso de Okiko Talents, la primera agencia de blogueras en España.
Por supuesto, no es todo coser y cantar. Tienes que conseguir las suficientes visitas en tu blog como para que las marcas te deseen como su prescriptora. Cuantos más seguidores más aumenta tu caché. Hay dos formas de llegar al estrellato con un blog: tener empatía con el público o, directamente, ser una celebrity.
'Celebrity', otro término digno de análisis. Una forma de denominar al o la modelo o actor/actriz de turno, al que generalmente su profesión se le queda pequeña, no porque sea demasiado bueno, sino (y a riesgo de generalizar) por todo lo contrario, y necesita darle chicha a su legión de fans para no caer en el olvido. Eso sí, no vale cualquiera (Pajares es actor y estuvo de moda en su momento, pero no se le ha considerado nunca una celebrity).
Creo que ha llegado el momento de matizar. Me parece estupendo que gracias a internet y al mundo blogger, muchas chicas puedan escribir acerca de un mundo que las apasionas, y aún más que las permita vivir de su vocación pero, ¿no nos estaremos pasando? ¿Dónde esta el límite entre regalarle unos zapatos a una bloguera para que suba a una foto a su Instagram o comprar cada uno de sus movimientos para que sean imitados?
Hay otros que son mucho más críticos que yo con este tema. Es el caso de Mr. Smith, autor de Blogueras de mierda o el cortometrajista Oriol Puig, que en su corto It girl nos descubre la cara oculta de la vida de una de estas chicas.
Yo, como periodista en paro y eterna becaria, creo que voy a iniciarme en este mundo. A unas malas, con que me envíen una cremita saldré ganando, que la mía se me está acabando. Prometo actualizar el blog entre fiesta y fiesta...
...palabra de becaria.

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